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Pese a la millonaria inversión de 38 mil millones de dólares para la generación termoeléctrica, Venezuela está al borde del oscurantismo. Guri suministra el 64% de los 18 mil megavatios que demanda Venezuela. Sin embargo, está 8 metros por debajo del nivel que tenía en enero de 2014 y 6 menos que su promedio histórico. Se avecina una crisis eléctrica nacional

 

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A los administradores del sector eléctrico los problemas les llegan juntos. Los ríos contribuyentes no suministran la suficiente agua; las obras termoeléctricas, en que se gastaron más de $30 mil millones desde 2010; no ofrecen la cantidad de megavatios necesarios para garantizar el servicio eléctrico sin interrupciones y el embalse del Guri baja a un ritmo desproporcionado. Para colmo, en la central hidroeléctrica comienzan a otear en el horizonte escasas lluvias. Por eso, ahora que está por entrar el periodo seco, el Guri necesita un diluvio para evitar una emergencia que podría ser peor a la de 2009 y 2010 —cuando los aguaceros salvaron al país de más horas a oscuras.El primero en encender la alarma fue el ministro de Energía Eléctrica, Jesse Chacón. Claro, no podía ser de otra forma. Como máxima autoridad del sector tiene acceso a la data precisa de lo que ocurre en el embalse del sistema hidroeléctrico más importante del país, el mismo que suministra al menos 64% de los cerca 18 mil megavatios que demanda Venezuela en la actualidad.Chacón cuenta con dos herramientas de cálculos matemáticos diseñadas para medir el comportamiento del embalse. También posee la data histórica de la contribución de la cuenca del Río Caroní, desde 1950 a 2013, lo que permite monitorear el presente y proyectar el futuro de la central hidroeléctrica.

El 7 de octubre en una rueda de prensa en Anzoátegui, acompañado del gobernador de la entidad, Aristóbulo Istúriz, el ministro con los números actualizados del embalse dijo: “El bajo nivel de la represa del Guri, por la alta demanda del servicio eléctrico, es la causa de que se haya registrado más apagones en Anzoátegui y el resto del país durante septiembre”. Aseguró, asimismo, que la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar “está ocho metros por debajo del nivel que tenía en enero de 2014 y tiene 6 metros menos que su promedio histórico”. Finalmente, cerró advirtiendo que para finales de año y principio de 2015 se espera un nuevo periodo de sequía, como es costumbre en Venezuela, de la misma forma que sucedió de 2001 a 2003 y de 2008 a 2010, este último el año del decreto de emergencia eléctrica.

Aunque Chacón insiste en adosar la responsabilidad a los usuarios con la etiqueta de derrochadores de energía, los expertos José Aguilar y Miguel Lara, este último fue gerente de la Oficina de Planificación del Sistema Interconectado de Guri, le devuelven la pelota a su terreno. Señalan la mala administración del embalse en medio de un periodo de lluvia que no fue muy lluvioso. Coinciden en puntualizar que el Guri fue diseñado para soportar 32 meses de sequía, pero para ello deben cumplirse con parámetros operativos que evitan el descenso a la cota de 240 metros sobre el nivel del mar, punto en el cual sería casi imposible mover las turbinas de la hidroeléctrica.

“Para que pueda sobrellevar esos tres años seguidos, la producción del Guri debe ajustarse a 40.000 Gwh al año. Es decir, unos 110 Gigavatio por hora (GWh) por día. Pero sabemos que se le estuvieron exigiendo al embalse unos 145 Gwh por día, unos 52.000 Gwh este año”, informa Lara, quien además fue responsable, entre otras actividades, de velar por el funcionamiento de la central hidroeléctrica.

De lo mojado a lo seco

Entre 1950 y 1964, miembros de una empresa de ingeniería estadounidense llamada Harza Engineering estudiaron detenidamente los periodos de lluvias y sequías de la cuenca del Río Caroní. Tenía como fin diagnosticar de qué tamaño debía ser el embalse de la central hidroeléctrica Simón Bolívar que el gobierno de Marco Pérez Jiménez proyectaba construir en esa zona de Guayana.

Ya entonces se conoció que en esa cuenca el periodo de lluvia va de mayo a octubre, con los meses de junio, julio, agosto y septiembre como los de mayores aguaceros. La época seca se extiende de noviembre a abril, con un incremento de la sequía entre diciembre y marzo.

Cuenta Aguilar, consultor internacional e ingeniero venezolano, que gracias a esos estudios se construyó el embalse con capacidad para soportar 32 meses de sequía. Desde entonces también se acumula la información que permite saber que el caudal histórico de agua que ingresa al Guri es de 4.866 metros cúbicos promedio anual; y que 4.175 metros cúbicos al año se considera una sequía fuerte. “Ahora está a 3.600 metros cúbicos y es posible que termine el año por debajo de 3.300. Peor que en 2001, cuando llegó a 3.337 metros cúbicos”.

Lara especifica que entre mayo y septiembre ingresa 75% del agua del embalse. Pero evidentemente, de acuerdo con las palabras del propio ministro, eso no ocurrió así, porque “la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar está ocho metros por debajo del nivel que tenía en enero de 2014”. Aún más grave, porque el primer mes del año es uno de los más secos.

El criterio del mayor Luis Vargas, del Servicio de Meteorología de la Aviación, es que noviembre debe terminar en gran parte del país el periodo lluvioso. “Solo eventos como vaguadas esporádicas o efectos locales nos traerán lluvias después de noviembre. Aunado a eso se prevé que inicie el fenómeno El Niño finalizando el año o empezando 2015, lo que traería un periodo seco bastante fuerte”.

Tanto Aguilar como Lara aseguran que Chacón tenía la información para tomar las medidas adecuadas y encender las alarmas cuando comenzara el periodo de sequía. Pero para hacerlo tenía que utilizar más las plantas termoeléctricas que se encuentran fuera de Guayana, en muchas de las cuales se invirtieron $38 mil millones en el marco de la emergencia eléctrica decretada en febrero de 2010.

Una emergencia

Desde junio de 2009, el Gobierno del presidente Hugo Chávez comenzó a pregonar la necesidad de tomar medidas en el sector eléctrico debido a la fuerte sequía —que entonces se vendió como la peor en la historia. “Falso. Desde 1950 ocurrieron 10 peores”, señala Aguilar. Lara recuerda que en los 15 años del chavismo se registró una trilogía seca consecutiva, 2001, 2002 y 2003, en el cual 2001 fue el año más seco en la historia del embalse, con 3.337 metros cúbicos de promedio anual de aporte al Guri. Mientras que 2002 y 2003 estuvo por debajo de la entrega habitual de la cuenca.

Sin embargo, la emergencia se decretó en febrero de 2010, momento en el que la contribución al embalse era de 4.175 metros cúbicos, cifra considerada entonces por la vocería oficial como sinónimo de sequía fuerte.

Como lo vieron los ingenieros de la empresa estadounidense Harza, entre 1950 y 1964, en Guayana el ciclo de sequía no es mayor a 32 meses y lo será así al menos por los próximos mil años o hasta que el planeta deje de ser el que conocemos hoy. Entonces si el llamado Niño, al que Chávez echó la culpa de los problemas eléctricos, comenzó en 2008 ¿Por qué dejar el decreto de emergencia para 2010, casi 32 meses después?

Precisamente, desde 2008 se sabía que vendría la emergencia, por lo menos eso se denota de una carta enviada el 19 de septiembre de ese año a una funcionaria de Corpoelec llamada Ana María González. La misiva está firmada por Joaquín Mavares, representante en América Latina de la empresa Pro Energy, compañía radicada en EEUU que está presente en al menos 20 obras eléctricas ejecutadas desde 2005 a 2012 en Venezuela, entre ellas las 12 realizadas por Derwick Associates y las cinco de Pacificc Rim Energy.

Mavares en la correspondencia agradece la visita efectuada por representantes de Corpoelec a la sede de Pro Energy en Sedalia, Missouri, y ratifica que trabajan en sociedad con Pacificc Rim Energy para ofrecer equipos para generación eléctrica. “Estimada Ana, en estos proyectos de emergencia sabemos que hay muchas piezas que armar y el tiempo es indispensable para el buen funcionamiento de ellos, por lo que queremos ofrecer nuestro total soporte a Corpoelec”, apunta. Al final, Pro Energy se quedó como subcontratista de Derwick. Alguien jugaba con las cartas marcadas.

Aguilar no pone en duda en que, ya para septiembre de 2008, los estudios de Corpoelec permitían saber que existía solo un 2% de probabilidad de alcanzar la cota de 240 msnm, el nivel crítico del Guri. Año y medio después, en febrero de 2010, Chávez decretó la emergencia eléctrica y desde entonces, según los cálculos de Aguilar,$38 mil millones salieron de las arcas de la Nación, casi todo para la generación termoeléctrica.

¿Y dónde están?

Este es el momento más adecuado para utilizar las máquinas generadoras de los megavatios comprados con el concurso de los $38 mil millones. Según Aguilar, en todo el país unos 16.424 Megavatio (Mw) termoeléctricos se encuentran instalados, pero de ellos cerca de 10 mil se hallan indisponibles por falta de mantenimiento o dañados. El gran soporte del Sistema Eléctrico Nacional son los 9 mil Mw que salen de Guri, colocándose incluso al filo de los límites de transmisión.

Aguilar sugiere que si estuviera disponible 90% de los 16.424 Mw, la sobre exigencia a la central hidroeléctrica Simón Bolívar y por lo tanto al embalse del Guri sería menor y con ello se evitaría poner peligro los límites operativos y el descenso hasta la cota 240 metros sobre el nivel del mar.

Detalla Lara que el parque térmico debería ser capaz de producir 73.000 GWh al año o unos 200 diarios, lo que facilitaría que el Guri ajuste la generación a 110 Gwh al día, pero las plantas termoeléctricas apenas alcanzan los 145. Es decir, 53.000 al año.

Más allá de esta numerología, a efecto del ciudadano común, solo queda una explicación. Si no existe la cantidad necesaria de energía térmica y el Guri desciende 8 metros en época de lluvia y el periodo de sequía está por comenzar, las autoridades eléctricas se verán obligadas a racionar, es decir, a más apagones.

“Ya no pueden apagar las empresas básicas de Guayana como lo hicieron en 2009. El parque industrial del país está en su mínima capacidad de producción. ¿Entonces a quién le van a quitar los megavatios? Al resto del país, en especial fuera de Caracas, estados que son los más afectados por la mala gestión y la corrupción del sector”, indica Aguilar.

En septiembre de 2010, el entonces viceministro de Desarrollo Eléctrico, Javier Alvarado, afirmó en una entrevista en Venezolana de Televisión: “vamos en camino a tener un sistema más robusto y más balanceado para que venga el Niño, la Niña y la familia completa… no importa estaremos preparados para trabajar por el país”. Cuatro años después y la gestión de dos ministros, el Sistema Eléctrico Nacional reza por un diluvio que llene el embalse de Guri.

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