CORREO DEL CARONÍ

 

Monseñor Baltazar E. Porras C.


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Un mal endémico en el imaginario venezolano, seguido al pie de la letra por quienes nos gobiernan, es que “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”. Esto se manifiesta de múltiples maneras, pues la provincia queda relegada, casi siempre, a un segundo plano en la atención a su desarrollo integral. Y cuando existe alguna necesidad o urgencia colectiva, a quien se le recortan los recursos y los servicios básicos es al interior del país.

Durante los últimos años es vox populi que se mima a Caracas para que no le falte lo que en la provincia es mal endémico. Los apagones continuos y sin aviso, la escasez de alimentos y/o medicinas, la atención hospitalaria, entre otros, los padecemos en la mayor parte del país, desde hace años y si es zona fronteriza, peor aún. Los medios nacionales reflejan muy poco lo que sucede en el interior, quedando reducido su protagonismo a las noticias negativas de asaltos, muertes o catástrofes. Desde hace años las televisoras caraqueñas apenas si tienen corresponsales en el interior.

Esto se hace más palpable con la crisis eléctrica que padecemos. Los recortes que se anuncian ahora nacionalmente, son pan nuestro de cada día, desde hace meses en nuestras ciudades y pueblos. Y los daños que ocasionan a los aparatos cuentan con la irresponsabilidad del Estado que no cubre en absoluto las averías ocasionadas. Que cada quien se defienda como pueda. Lo más patético han sido las declaraciones de los ministros del ramo, anunciando con la mayor desfachatez que Caracas, el litoral central y la isla de Margarita están exentos del .

Qué razones hay para esta desigualdad e inequidad. Somos los habitantes del interior, venezolanos de tercera categoría, que tenemos que cargar con los desaciertos de quienes tienen la obligación de atendernos a todos por igual. La realidad de la vida cotidiana de quienes no habitamos en la capital es desconocida para muchos, y como la propaganda oficial y el silencio noticioso de quienes debían dar cuenta de ello es patente, se aplica el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. Nosotros somos la periferia existencial, como diría el papa Francisco, y por tanto algún derecho prioritario tendríamos. Es bueno reflexionar sobre esto y sacar conclusiones.

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